lunes, 4 de enero de 2010

EL INFIERNO TAN TEMIDO

De la Sota ahora canta
Si hay algo de lo que no se vuelve más es del ridículo y sobrepasando nuestra capacidad de asombro comprobamos día a día que encima que éramos muchos, parió la abuela.

“El gallego” José Manuel De la Sota es un referente típico de los políticos argentinos.

Un espécimen blindado a todo, con una trayectoria alucinante en cuanto a acostar a todos.

Una vez me comentaba un amigo que un antecesor de De la Sota había combatido en la Vuelta de Obligado, un tal teniente De la Sota, y puede haber sido, habría que corroborarlo con algún historiador, pero de lo que no cabe duda es que su descendiente le salió un canalla vocacional.

“El gallego” también es un exponente de los años 70, desde que ocupó la Secretaría de Gobierno de la Municipalidad cordobesa cuando el “Cacho” Coronel era intendente.

Ambos estaban enrolados en la ortodoxia peronista y no por ello se salvaron de que los militares del Proceso los metieran presos por un tiempo.


No por actividades guerrilleras sino por averiguaciones de desfalcos posibles en las arcas municipales.

De haber pertenecido a la “pesada” más lo hubieran hecho para el lado de la Triple A por afinidades ideológicas ya que se manifestaban anti montos.

Dicen que desde ese tiempo, De la Sota perdió completamente el pelo por el stress ocasionado por la cárcel de algodones y desde ahí siempre usó el peluquín platinado que lo caracterizó.


El quincho debe haber evolucionando de color con el tiempo según el color de sus patillas que le quedaron como viejos testimonios de una juventud perdida.

Y hablando de juventud, se perdieron de a montones, pero “el gallego” permaneció flotando como un corcho.

Fue discípulo dilecto del “ruso” Raúl Bercovich Rodríguez, un político peronista que soñaba con llegar a gobernador de la provincia.


Su sueño dorado no se cumplió pero tuvo que conformarse con la intervención federal que le duró un tiempo.

De él, el joven De la Sota fue aprendiendo las intrincadas mañas de la política como su fiel alumno y recién egresado de la Facultad de Derecho, de la Sota se sumó a la Agrupación de Abogados Peronistas junto a Hugo Lafranconi (h), Enrique Ashber, Teodoro Funes (h) y el entrerriano Jorge Busti.

Todos buenas piedras pa la honda pero por lo menos se dedicaban a sacar de las comisarías y los cuarteles a militantes peronistas presos por sus actividades proselitistas.


Eso sí que no hubieran militado en la guerrilla fascinerosa.

Por lo menos en eso lo aventajaron a Néstor Kirchner que nunca contó con antecedentes parecidos luego de refugiarse en Río Gallegos bajo el amparo del abuelo usurero y se sacaba fotos con el interventor militar Gral Oscar Guerrero para mostrarse políticamente correcto.

Como gran oportunista, De la Sota se casó en 1972 con Silvia Zanichelli, hija del ex gobernador radical Zanichelli.

Cuentan las malas lenguas que De la Sota lo esquilmó a su suegro con el cuento de la política y hasta le hizo vender unos campos para financiarse en sus intentos de llegar.

“Y si no me tienen fe”, diría “El gallego” parodiando al genial Olmedo en su papel de
“mano chanta”.

Fue Diputado Nacional por Córdoba, Embajador en Brasil de Menem y Senador Nacional por Córdoba.

Supo acomodarse bien en la era Menem, luego de varios fallidos intentos por disputarle el gobierno de la provincia a los radicales, pero la locomotora de Anillaco le hizo posible su llegada al gobierno.

Ocurrió en la histórica Plaza San Martín de Córdoba, la misma donde en el 55 se tiroteaban los “libertadores” y en la que por suerte aún no llegó Hebe de Bonafini a correr a los bolivianos.

El macho riojano le levantaba la mano al futuro gobernador de Córdoba y a su ahijado político Germancito Kammerath que se había establecido en la ciudad de las campanas escapando de la policía que lo requería por cheques voladores en La Rioja según testimoniaba el viejo Chamorro y Kammerath se convertía en su vice gobernador.

“Todo arreglado y pasemos a otra cosa” habrá pontificado el Lord de Anillaco demostrando que todo es posible.

En ese tiempo De la Sota se había casado con Olga Riutort, una sanjuanina que tenía antecedentes como diputada en su provincia y que le venía como anillo al dedo al “Gallego”, después le sería muy útil para ciertas tareas junto al “Gringo” Schiaretti que se ocupaba de las finanzas provinciales.

Quizás De la Sota apreciaba que Juan Schiaretti estaba constituido del mismo amianto que él y aunque el contador provenía de la guerrilla, ya estaba reciclado por el menemismo y el cavallismo posterior como hombre del sistema y De la Sota lo hizo retornar al privatizado Partido Justicialista por la puerta grande.

Al haber cumplido su mandato por segunda vez “El gallego” le tuvo que resignar la provincia para que le cuide el puesto hasta el 2011 en que vuelva nuevamente.

Se habló mucho de sus apetencias presidenciales desde que Duhalde le entregó el poder a Néstor Kirchner.


“El gallego” no habrá tenido el respaldo de los fondos de Santa Cruz y se tuvo que quedar con las ganas.

Se recluyó en Río Cuarto, los pagos de su tercera esposa Adriana y “la Olga” pasó a la historia.


Aunque la morocha persistió en quedarse en Córdoba para ver si en algún momento se convierte en la intendenta como le gusta decir a Cristina.

Por ahora es concejala municipala y quien dice más adelante…

Con todos los gastos pagos por el erario municipal es posible, aparte del resto que le quedó de su matrimonio con “el gallego”.

José Manuel tenía menos aire que los pulmones del querido Sandro y solamente se ocupaba de aventar sospechas que lo relacionaran con el intrincado crimen de Norita Dalmasso en Río Cuarto, el que nunca se resolvió ni con el FBI.

“El gallego” está muerto, pero en cualquier momento resucita” decía añorando un puntero que por ahora se adscribía al schiarettismo por eso de que de algo hay que comer.

Y se obró el milagro tras la invocación del dirigente melancólico y todo gracias a Tinelli.

Ricardo Fort le salvaba el último tramo del programa al conductor televisivo y demostraba que el que tiene plata hace lo que quiere, doctrina tan argentina y se transformaba en un ídolo de multitudes descerebradas.

Ojo que no le pego al magnate chocolatero como hoy es moda.


Por lo menos nos quitó ante el mundo esa idea que nos tienen de perdedores vestidos de piqueteros con políticos rechonchos que se nos ríen en la cara con la misma expresión de Cristina en las fotos.

Algún creativo cazó la idea y se la transmitió a De la Sota.

- “Macho, estás en pedo.


Después de los sesenta pirulos ya estoy “curcuncho” y jorobado y si me pongo a hacer fierros para cargar un lomo a lo Fort men lo más posible es que me infarte antes a mi edad y se me acabe el rollo”, le habrá contestado al toque al asesor.

- “No digo eso, José Manuel.


Ya sé que lo tuyo no es el deporte y escondías muy bien la panza con el photoshop en tus fotos de campaña, pero tal como viene la mano, con plata cualquiera llega y comenzá desde abajo cantando, después de instalado tu perfil, hablamos con la producción de Tinelli, vemos cuanto sale y listo.

Ya te veo estrenando el bastón presidencial en el 2011 mientras los Kirchner se mueren de envidia mirándote por la tele desde la embajada venezolana”, le replicó el allegado.

De la Sota no lograba contener una sonrisa mientras contestaba con aire mimosón:

-Andá loco, no me hagas loa de mi primera novia que me pegaba bien fuerte las piernas y con la que me enojé por decirle:


“Ayer me dijiste que hoy; hoy me decís que mañana; mañana te voy a decir que se me fueron las ganas”.

- El que no arriesga no gana, le dijo lacónicamente el empleado.

- Solamente si las bases me lo reclaman, replicó De la Sota sin mover un músculo de la cara.

“Cantate un tango Ricardo”


“El amor cuando se busca nunca llegay aparece cuando menos te lo esperas Cuando muere la ilusión y el corazón está dormido.

Cuando piensas que el futuro ya pasóY las pocas ilusiones quedan muertasHoy que todo me da igual, otra ilusión golpea mi puerta”

Así recitaba ante el micrófono el ex gobernador cordobés, José Manuel de la Sota mientras lo observaba emocionado el intendente de Río Cuarto, el radical Juan Jure al escuchar la letra de Cacho Castaña.

Los aplausos finales del escaso público congregado ad hoc lo despertaron al técnico de sonidos mientras Adriana Nazario, su actual, iba por más y hacía un sonido “hu hu hu” agudo como Susana Giménez.

Ella se había opuesto a que su marido cantara:
“1 2 3 4 5

Me gustaba Katunga,
El puré se hace con papa,
Que gusto tiene la sal?,
Si vamos para la Plata,
Dos peajes hay que pagar”

Dicen que detrás de un gran hombre se encuentra una gran mujer y Adriana se había impuesto sabiendo interpretar los gustos de su marido.


Además por edad se parece más a Cacho Castaña que a Fort.

El que aprovechaba para despotricar contra su ex patrón era el inefable flamante senador por Córdoba Luis Juez que como un alter ego envidioso expresaba que el ex gobernador sólo puede cantar "con los Pibes Chorros".


Y que le salen mejor los boleros porque dejó en bolas a todos los cordobeses”.

Cosas de la política.


Es lo que se ve.

No hay más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario