lunes, 29 de marzo de 2010

APUNTES PARA LA HISTORIA VERDADERA

Apuntes para la historia verdadera:

María Estela, la gran olvidada por Cristina

Tan pendiente siempre, en teoría, de las cuestiones de género, Cristina de Kirchner huye de la figura de María Estela Martínez de Perón, probablemente por el final institucional que tuvo la derrocada Presidente, con un descalabro previo provocado, en parte, por el propio peronismo, no solamente por José López Rega.

Sin embargo, la ausencia de la famosa 'Isabel' impugna todo el recuerdo melancólico por terroristas muertos, muchos de ellos en combate, y pone en crisis la teoría oficial que intenta

La historia sufre con los Kirchner y solamente desea que la pesadilla concluya cuanto antes.

Es tan básica y subjetiva la recreación de los '70 que difunden el kirchnerismo y sus ocasionales satélites 'transversales', que resulta insostenible.

¿Cómo conmemorar el Día de la Memoria sin María Estela Martínez de Perón, quien además sigue con vida en la lejana Madrid, habiendo logrado huir del intento kirchnerista de traerla para una parodia de juicio?

Al fin de cuentas, María Estela Martínez de Perón fue más víctima que muchos de los supuestos 'recordados' porque ella no fue Presidente porque tuviera ambición institucional sino porque Juan Perón, su marido, no confiaba en quienes le rodeaban, y mucho menos en los amigos de los jóvenes terroristas que luego él ordenó reprimir y que hoy son motivo de homenaje presidencial.

Por supuesto que 'la Chabela', tal como le decían por entonces, no se encontraba preparada para asumir la magistratura.

Es cierto que la 'entornaron' (primero José López Rega, luego otros colaboradores, al final los detestables sindicalistas y cierto ex almirante), y que ella fue ineficiente para acabar con la violencia y la inflación que, en definitiva, eran la consecuencia de profundos desequilibrios interiores de la sociedad argentina.

Pero eso no impide reconocerla como la gran víctima inicial del 24 de marzo de 1976, incluyendo una larga prisión, con períodos bastante inhóspitos.

Sin pretender menoscabar el gigantesco ego de Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto, el golpe de Estado no fue contra ellas.

Fue contra María Estela Martínez de Perón y, más allá de lo absurdo que resulta que esa persona fuese Presidente de la Nación (tema que merecería otro análisis posterior de parte de la sociedad argentina), es imprescindible tener presente esa realidad político-institucional.

Y los Kirchner son tan cobardes que pretendieron acusarla a ella por los actos de la Alianza Anticomunista Argentina cuando tendrían que haber llevado al banquillo de los acusados, en todo caso, a Juan Perón, quien en vida y lúcido, ordenó reprimir a quienes se oponían a dejar las armas para reconstruir una sociedad en paz.

Pero los Kirchner no pueden embestir contra Perón porque, si bien son aliados de todos aquellos que Perón expulsó de la Plaza de Mayo en 1974, Néstor Kirchner necesita del PJ para gobernar y por eso reasumió la presidencia del Consejo Nacional del Partido Justicialista.

En definitiva, el caso de María Estela expone las profundas contradicciones del Frente para la Victoria, y su imposibilidad de reconstruir la historia reciente argentina con alguna profundidad.

Además, Cristina no debería exagerar en el escándalo:

Si el PJ tuvo como autoridad Nº1 a una ex bailarina cuyo nombre artístico era 'Isabel Gómez', es lógico que la Argentina tenga como Presidente a una persona cuyos certificados universitarios aún son motivo de controversias.

Luego, la viuda de Perón fue elegida por el voto popular integrando un binomio presidencial que obtuvo más apoyo electoral que el de cualquiera de los Kirchner.

La viuda de Perón asumió la Presidencia el 01/07/1974 en su condición de vicepresidente, y fue depuesta el 24/03/1976 por un golpe de Estado cívico-militar que dio origen al autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, que la mantuvo detenida ilegalmente durante varios años.

Ella fue liberada en 1981 y se radicó en Villanueva de la Cañada, Madrid, España.

Por diferentes motivos, Raúl Alfonsín y Carlos Menem fueron más amables con ella que los Kirchner.

El 11 de enero de 2007 el juez federal de San Rafael de Mendoza, Héctor Acosta, pidió a Interpol la captura internacional de Martínez viuda de Perón, en el marco de la investigación de la desaparición de un estudiante en febrero de 1976, en el marco de los decretos de aniquilamiento de "los accionares subversivos".

¿Acaso Juan Perón no había iniciado esa tarea muchos antes de que hubiesen decretos?

Acosta no tuvo agallas para avanzar sobre lo obvio.

Pero lo más interesante de marzo de 1976 consiste en que las únicas expresiones públicas en contra del golpe cívico-militar provinieron del Partido Comunista Revolucionario (PCR, maoístas) y de Álvaro Alsogaray (centroderecha).

Por temor, la mayoría de los líderes políticos prefirieron el silencio (cómplice) o la adhesión.

Y el peronismo no defendió en las calles a su propia Administración, en parte porque reconocía implícitamente su fracaso, en parte porque temía las consecuencias de una sociedad violenta, y en parte porque la mayoría de la sociedad había llegado a la conclusión (que más tarde resultó errada) de que el golpe de Estado no era lo peor que podía ocurrir (el espejo para comparar era la Revolución Argentina).

Edgar Mainhard


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