sábado, 9 de marzo de 2013


LA VERDAD Y LA MORAL, ¿TENDRAN PATRIA?

El Estado argentino, durante el período constitucional y por razones de indelegable responsabilidad que no vienen al caso, contrajo deuda a través de la emisión de bonos. 

Estos fueron ofrecidos con la promesa de pagar un valor mayor a la hora de ser rescatados por el Gobierno. 

En 2001, en medio de un increíble clima de algarabía de la casi la totalidad diputados y senadores nacionales, en lugar de cumplir con lo pactado el Estado declaró unilateralmente la suspensión del pago (default) de las obligaciones contraídas.

Ya en el mandato presidencial de Néstor Kirchner, a través del canje de la deuda, el Gobierno impuso a los acreedores una quita al valor de los bonos del orden del 70%. 

Así las cosas, cerca del 90% de los afectados aceptó la mutilación de su capital; el resto, con el riesgo cierto de no cobrar nada, optó por seguir con su reclamo del ciento por ciento por vía judicial. 

Ello los llevó a la autoridad que fuera convenida, el Juzgado Federal de Nueva York.

El proceso judicial iniciado contra el Estado argentino llegó a su fin, en una primera instancia, con el fallo del juez Griesa. 

Este obliga al Estado argentino a pagar en forma perentoria el valor total de los bonos a los deudores que no entraron en el canje (hoy, “fondos buitre”).

La sentencia no conformó a la Argentina y, por ello, fue apelada a la Cámara de Apelaciones de Nueva York.

Cabe aquí un comentario sobre la principal estrategia que llevó adelante el Estado argentino ante el juez del caso. 

Esta se hace evidente en la advertencia que hiciera la primera mandataria argentina cuando, pública y categóricamente, señalara que en caso de no ser favorable la Argentina no acataría el fallo. 

Es decir, que desconocería la autoridad del juez y no pagaría un solo dólar a los acreedores.

En tales circunstancias, el juez convocó a las partes para que presentaran propuestas acerca de monto y forma de pago. Los acreedores exigieron el ciento por ciento, en forma inmediata. 

El Estado argentino, en una actitud suicida, ratificó su decisión de no pagar y desconocer el fallo. El juez resolvió hacer suya la propuesta de los acreedores (“Hacete amigo del juez y no le des de qué quejarse...”, decía el Viejo Vizcacha).

De quedar firme el fallo Griesa, según la misma Cristina, las consecuencias podrían ser desastrosas para el país ya que, además de entrar nuevamente en default, los que aceptaron el canje tendrían derecho a exigir el mismo trato que el dado a los “fondos buitre”.

Pero, ­oh sorpresa! Resulta que ahora Cristina se desdice y afirma que está dispuesta a pagar la misma suma que pagó a los deudores que entraron en el canje. 

“Tarde piaste”, porque la baladronada arrogante e irresponsable de vociferar “ni un dólar a los fondos buitre” podría costarle a los argentinos (según la misma Presidenta) 170 mil millones de dólares.

Mas aún, considerando lo que en potencia entraña semejante problema económico, el real quid de la cuestión no pasa por ahí sino por otro lado. 

 Fundamentalmente, por saber si, para los argentinos, el fallo del juez Griesa es justo o injusto. 

También, por exigir al Estado a que pague sus deudas como cualquier hijo de vecino o, en su defecto, consentir que disponga de inmunidad para estafar a quién le venga en gana (a propósito, “los fondos buitre” no estafaron a nadie). 

Sería trascendentalmente grave para la sociedad el creerse sus propias mentiras.

A menudo suele confundirse al Estado con la Patria. 

Luego, dar la razón a Griesa sería estar contra la Patria.

Ahora bien, la moral y la verdad, 

¿pueden ser contrarias a los intereses de la Patria? 

Sócrates, el gran ateniense, sostenía que más que el que sufría una injusticia se perjudicaba aquel que se envilecía infringiéndola. 

Un Estado que estafa no es la Patria, sino su negación.

Mauricio Ortin

miércoles, 6 de marzo de 2013


LA PENOSA INAGURACION DE LAS SECCIONES PARLAMENTARIAS


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Uno de los momentos políticos más importantes en el calendario político anual es, sin duda alguna, el discurso presidencial en la inauguración de un nuevo período de sesiones ordinarias en el Congreso Nacional.

Es importante y trascendente, ya que es la ocasión en que el titular del Poder Ejecutivo señala a grandes rasgos sus objetivos y metas para el presente año, y los lineamientos para el mediano y largo plazo y destaca los logros del período anterior. Es un mensaje dirigido a todos los habitantes del país. 

Por ello no tiene fines partidarios y adquiérelas características de un compromiso solemne de la futura acción presidencial.

Pero los casi cuatro horas del discurso, superó las tres horas y algo de su discurso del año anterior, no tuvieron ni un solo atisbo de solemnidad, seriedad e integración de destinatarios que el mensaje debería de tener. 

No tuvo un cariz institucional. Como ya es usual en la mandataria, lo que hizo, lo hizo mal.

Algunos medios dicen que cuando la presidente empezó a hablar por la cadena nacional 600.000 televidentes cambiaron de canal de TV. 

Es totalmente comprensible, hay muchísima gente que ya no soporta más su hostilidad, verborrea y soberbia. Como dice el filósofo Alejandro Rozitchner, la mandataria se hace detestar. 

Con su conducta logra (¿o busca?) exasperar a todos.

El discurso de la Sra. Fernández fue claramente un acto partidario, con toda la escenografía y parafernalia correspondiente, pero no precisamente la peronista, sino del engendro creado por su difunto esposo, la de los movimientos que viven de los subsidios, dispensas y favores del gobierno.

Un lector de un importante matutino dice “…que vio al Congreso convertido en una cancha de fútbol, con papelitos, cánticos partidarios, banderas políticas y de agrupaciones pro-K. 

No vi banderas argentinas ni dentro ni fuera del Congreso…” (ref.1)

Durante su discurso en oportunidades se la vio normal, en otras irónica, enojada, irascible, desencajada, llena de rencor y resentimiento. 

Gesticulaba como una comadrona en un conventillo del conurbano tratando de dirimir un conflicto con una vecina. 

En oportunidades utilizó un lenguaje y tono chabacano y ordinario, impropio de una persona educada y menos de un presidente.

A la salida del edificio del Congreso se la vio eufórica y sonriente, mezclándose imprudentemente entre sus aplaudidores y seguidores.

Su mensaje, también como siempre, mezcló diferentes temas y fue embrollado y confuso.

La presidente inició su maratón verborrágico luciendo un vestido con su característico color negro de luto, flanqueada por un sospechado de un gigantesco y escandaloso acto de corrupción, el vicepresidente Amado Boudou y por el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez. 

Entre los espectadores, en un lugar preferencial, se encontraba otra protegida de Cristina, Hebe de Bonafini, sospechada de otro increíble y escandaloso caso de corrupción.

El discurso se inició una frase más que polémica: 

reivindicó los diez años de la gestión de los Kirchner como “una década ganada”. 

Frase muy poco feliz y obviamente irritante para aquellos que no piensan como ella. Ya desde el comienzo pareciera que buscaba confrontar.

La mayoría de los argentinos, si nos ajustamos a los valores de la última elección no piensan de esa manera. 

“Contrario sensu”, en aquel entonces el 46% de los votantes seguramente pensaban que fue una “década perdida”.

Década lamentablemente perdida por haber vuelto a perder el tren de la Historia, al no aprovechar la situación económica mundial ampliamente favorable para la Argentina. 

El despilfarro demagógico y la escandalosa corrupción impidieron que los fondos que ingresaron al país, se volcasen al desarrollo de su infraestructura productiva y su modernización.

Hoy, con casi toda la seguridad, en vista a los tremendos disparates gubernamentales de la segunda gestión de la mandataria, ese porcentaje sobre la “década perdida” seguramente se elevará al 70 ó 75%.

Resumiendo, empezó su mensaje con una falacia.

Su mensaje abarcó cuatro ejes fundamentales:

Como ya es su costumbre empezó a enumerar los logros, algunos dudosos, de la épica kirchnerista. 

Esta enumeración, cientos de veces repetida en casi todos sus discursos, constituye la plataforma inicial buscando lograr una predisposición favorable en sus oyentes. 

Expresó equivocaciones conceptuales o exageraciones para el auditorio. 

Apeló como siempre a cifras y estadísticas de dudosa exactitud y de imposible seguimiento por la audiencia. 

Tal vez alguna de ellas sean ciertas, 

¿pero como creerle a una mentirosa consuetudinaria?

 El “auto bombo” insumió mucho tiempo y reveló una vez más el fantasioso país en que vive la presidente.

El segundo punto se refirió al controvertido y cuestionado pacto con Irán por el atentado en la AMIA. 

En realidad no dijo nada nuevo, ni siquiera explicitó nada sobre el “memorándum de entendimiento”. 

En realidad le deberá haber sido muy difícil explicar un tratado con uno de los países integrantes del “Eje del Mal”, haber afectado alegremente la soberanía del país, haberse enemistado con Israel, la totalidad del la comunidad judía y casi la totalidad de los argentinos del país. 

Roberto Cox, ex director del Buenos Aires Herald, en un duro artículo, expresó que Argentina se había situado “en el lado malo de la historia”.

El tercer punto fue una salvaje y desmedida arremetida con uno de los tres poderes de la Republica. 

Al Poder Judicial, que hasta no hace mucho tiempo atrás era presentado como un importante logro de la dinastía de los Kirchner. 

 Constituía un “importante objetivo” del régimen por haber formado una Suprema Corte independiente en reemplazo de Corte automática de la gestión de Menem. 

Si bien en esta arremetida hubo algunos puntos racionales, todo este furibundo ataque se atribuye a una venganza contra la CSJ y todo el Poder Judicial, por haber tenido algunos fallos adversos a la postura del oficialismo. La Corte pasó prácticamente a convertirse en el enemigo Nº 1 del Poder Ejecutivo.

Y como último punto, la postura del gobierno frente a las demandas de los mal llamados “fondos buitres”. 

Tanto la presidente como el vicepresidente Amado Boudou aseguraron inicialmente que la Argentina “no va a quebrar su propia ley”, en cuanto a la posibilidad de pagarle a los fondos buitre que tienen bonos que no ingresaron al canje. 

Obviamente eso lo manifestaron seguramente sin pensar como muchas de las decisiones gubernamentales. 

Producto de irresponsables impulsos viscerales. Lo cierto es que ahora que lo pensaron un poco más de tiempo, cambiaron su postura en 180º: 

el gobierno está dispuesto a negociar con los famosos “holdouts”.

No me explayo sobre los cuatros temas centrales, ya que fueron ampliamente tratados por los medios.

En su largo discurso prácticamente no fueron mencionados ni la Constitución Nacional, la República y el federalismo, tema que en general todos los presidentes buscan resaltar y reafirmar en sus gestiones.

Tampoco abordó ninguno de los graves problemas que preocupan a la ciudadanía. La ya casi incontrolable inflación, el atraso cambiario, la inseguridad, el ridículo cepo cambiario, el creciente desempleo y marginación, el deterioro de la educación, el “acuerdo de los precios” solo para nombrar alguno de los aspectos salientes.
En definitiva, la Sra. Fernández volvió a equivocarse: 

confundió a un solemne y tradicional acto institucional, con un discurso de barricada netamente partidario y proselitista dirigido no a todos los argentinos sino a sus seguidores y a sus “enemigos”.

Su mensaje constituyó básicamente en un autoelogio de su gestión, una clara amenaza a uno de los poderes de la República para que no se le marquen límites a sus decisiones, un inentendible pacto con el diablo y una prudente capitulación ante los “holdouts”.

lunes, 4 de marzo de 2013


¡Argentina Campeón!


“¡Vosotros, que talasteis nuestros bosques, robasteis nuestro ganado, derrumbasteis nuestras templos y quemasteis nuestras casas; vosotros, que matasteis a nuestros padres, violasteis a nuestras hijas y secuestrasteis a nuestros hijos: 

no abuséis, no abuséis!”.

El jueves, una vez más, después de la tensa audiencia que se realizó en la Corte de Nueva York, a la que concurrieron, en representación de nuestro país Guita-rrita Boudou y el Invisible Lorenzino, recuperamos el primer puesto en el campeonato del riesgo-país. 

Si somos una de las naciones menos endeudadas -estoy hablando de deuda externa, no interna- en relación a su PBI, todo el mérito de haber regresado a ese podio corresponde a la señora Presidente y su curioso y multifacético pseudo gabinete económico, en el cual cada uno tiene una postura dogmática diferente.

El viernes, en su maratónico y autorreferencial discurso, por cierto a veces muy confuso, doña Cristina mencionó que hasta Evo Morales conseguía dinero en el mundo, en realidad mucho más del que pedía, a una tasa (4,5%) anual y a un plazo (20 años) inimaginables en nuestro mercado doméstico; si Argentina pretendiera regresar, en estas condiciones, a los mercados internacionales, debería estar dispuesta a pagar algo parecido al 30%, o sea, tasa de país en default.

Olvidó la señora de Kirchner mencionar, cuando dijo que el Presidente boliviano había expropiado hasta el pasto, que siempre pagó a las empresas así adquiridas por su Estado Multinacional, mientras que aquí nos dedicamos, porque es más fácil y barato, simplemente a confiscarlas.

Después de castigarnos por casi tres horas con cifras dibujadas -las citó a valor nominal, negando que sufrimos una de las inflaciones más altas del mundo (¡otra vez campeones!)-, describiendo un país en el que sería maravilloso vivir, y que hastiaron a los teleespectadores, que optaron por cambiar de canal en su enorme mayoría, volvió a dar cátedra al resto del mundo -ese cuya crisis tiene, en América Latina, la enorme puntería de afectarnos sólo a los argentinos- olvidando que, tal cual dijo Martín Caparrós, el peor escenario europeo de hoy es infinitamente mejor al que se observa en muchísimas zonas del Conurbano.

Un párrafo aparte merecen sus referencias a los salarios de las fuerzas de seguridad -Gendarmería, Prefectura y Policía Federal- y a las inversiones en equipamiento destinado a las mismas. 

El Gobierno está muy preocupado por una protesta masiva que, de ser ciertos los rumores al respecto, se producirá el martes 5 e, inclusive, ha trascendido una carta del jefe de la segunda (PNA) a sus subordinados, recordándoles la vigencia de la obligación de obedecer a sus mandos.

A continuación, descerrajó sobre Lorenzetti, el Presidente de la Corte, que no sabía qué cara poner cuando lo enfocaban las cámaras, el peor ataque que recuerde sobre la Justicia. 

No voy a referirme, hoy al menos, a las características de las reformas -elección popular de los miembros del Consejo de la Magistratura, limitación de las medidas cautelares y creación de nuevas cámaras de Casación- cuya sanción doña Cristina pedirá al ex Hº Congreso; las páginas de los diarios del sábado y de hoy han comenzado a realizar análisis de los anuncios que, con seguridad, será completada por mis colegas.

Pero, a la luz de lo que sucedió en nuestro parlamento con el trata-miento (la oposición trata, y el Gobierno miente) del acuerdo con Irán, pocas esperanzas tengo acerca de un eventual rechazo en la casa de las leyes para las propuestas de Olivos -¿o debería decir del Chino Zannini?- pero, como siempre, me preocuparon mucho las primeras expresiones de los opositores luego del discurso presidencial.

Recordé, entonces, una antigua y breve nota de un querido amigo, a la que tituló “Darse cuenta” (http://tinyurl.com/b6hlncy ), que escribiera un año antes de morir y que debiera estar en la mesa de luz de todos los políticos no kirchneristas. 

Al utilizar el final de la República de Waimar para componer su metáfora, José Enrique Miguens esbozó, tal vez sin percibirlo, un futuro para la Argentina perfectamente comparable con la Alemania de Hitler; compruébelo usted mismo pinchando el link.

Si ha tenido la enorme paciencia de leer estas reflexiones semanales, verá con claridad que mis pronósticos acerca del panorama terrible que ofrece hoy un cristinismo dispuesto, confesadamente, a pelear hasta las últimas consecuencias para retener el poder, no hacen más que confirmarse. 

La “democratización” de la Justicia, como se llama el nuevo caballito de batalla del Gobierno, no es otra cosa que un intento de colonizar al último poder del Estado que le queda. 

Presumo que, después de leer la nota de Miguens, los opositores aprenderán a tratar con la Casa Rosada y, sobre todo, a no dejarse engañar más por los cantos de sirenas y los pomposos y atractivos títulos que ésta da a cada uno de sus disparates.

Al respecto, recuerdo lo que expresé cuando quienes dicen no compartir las políticas oficiales votaron, casi por unanimidad, el ascenso de Gils Carbó a la Procuración General de la Nación; puede ser que, ahora, hayan descubierto que al primer apellido de la funcionaria le faltaba una “e”.

Ayer, con sus renovadas críticas a Lancha Scioli y a Massa, doña Cristina agredió a las únicas figuras que podrían llevar al triunfo su boleta electoral en la Provincia de Buenos Aires. 

Como sé que no confía en la popularidad de Alicia Kirchner, por mucha portación de apellido que ésta ostente, sólo me cabe concluir en que la señora Presidente -como yo mismo- no cree en un final democrático para su período imperial; 

¿en qué variante del incendio de Roma estará pensando la mesa minúscula de Olivos? 

De todas maneras, parece haber algunos personajes del entorno que no estarían de acuerdo con que esa apocalíptica salida sería una solución paras sus futuros problemas y, preocupados por su libertad y su reciente fortuna, están pidiendo ser designados embajadores.

El 21 de marzo, la ciudadanía se ha autoconvocado a repetir, incrementándola, la masiva manifestación del 8 de noviembre, en los mismos lugares y con idénticos horarios. Me parece bien. 

Creo que hay que enviar un muy fuerte mensaje al Gobierno: 

¡Hasta aquí llegaron, y de aquí no pasarán!

viernes, 1 de marzo de 2013



CON CRISTINA, AVANZA EL ISLAM EN LA REGION


Cristina con los Castro

“El error es una consecuencia necesaria de la estupidez”. 

A fines del año pasado, sostuvimos que la política seguida por Cristina W. implicaba una internacionalización del creado conflicto interno. 

Poco después, ampliamos nuestro punto de vista al consignar que las negociaciones con Irán por el atentado contra la AMIA, confirmaban ese aserto y casi enseguida advertimos que, además de los determinantes aspectos morales de la cuestión, la estrategia presidencial llevaba a la Argentina a complicarse en un grave problema de incierta pero peligrosa evolución. 

Los hechos, con sus peligros a la vuelta de la esquina, nos dieron la razón y ratificaron otros datos aportados por destacados colegas y analistas cuyos comentarios e informaciones ratifican un dato obvio que debió alertar a toda la dirigencia política: 

la misma explosión anticipó esa inserción en el damero internacional, lo que obligaba a un tratamiento con atenciones progresivas y la búsqueda permanente de datos para establecer alianzas relativas a nuestra posición occidental en un mundo cada vez más cambiante y complejo.

Nada de esto se hizo desde el campo de la oposición política, realidad que quedó evidenciada con la pobreza del debate legislativo tanto por parte de esa oposición como del oficialismo que hizo realidad aquello del “hijo bobo de Jacobo”, como en el pasado se decía con referencia a Héctor Timerman, nuestro Canciller, quien pasó de apoyar periodísticamente al almirante Emilio Massera con vistas al pronunciamiento del 24 de marzo, para luego ubicarse en una posición contraria. 

Con certeza, ese debate y esa pobreza hicieron que la diputada Elisa Carrió dijera que le daba vergüenza pertenecer a la dirigencia política -en Italia la hubieran ovacionado- y lanzara al ruedo advertencias e informaciones que pasaron inadvertidas. 

Aquí ingresa al análisis otro elemento de juicio objetivo y mensurable que explica muchas cosas del pasado y las actitudes adoptadas por este gobierno. 

Entre ellas, la forzada persecución a las Fuerzas Armadas y de Seguridad, para disminuir o suprimir sus capacidades operativas, políticas y espirituales, habida cuenta que en ese sector nunca se toleraría una aproximación o una alianza con la izquierda continental y mucho menos con la internacional que pugna por hacer pie en territorios estratégicamente seleccionados. 

Tal vez la señora Carrió reflexione ahora sobre su iniciativa para suprimir las leyes de Punto final y de Obediencia Debida, que estaban orientadas a lograr la pacificación que necesitaba -y necesita imperiosamente- nuestra sociedad, que había vencido al terrorismo setentista. 

 Pocos advirtieron el significado del problema que hoy llega de la mano de la ambición política de una mujer al borde del fracaso, del riesgo de perder el poder e incluso de terminar procesada por una larga lista de delitos. 

Lo dicho nos permite invitar a que se sopese, aunque sea por un instante, este escenario que ya comenzamos a no manejar los argentinos y que cuenta con la colaboración de ex guerrilleros que ya forman parte de la estructura gubernamental.

Los lectores de esta Hoja conocen los datos que permiten esta conclusión que nos habla de notables coincidencias. 

Entre ellas, la necesidad que tiene la maniobra de Irán de suprimir cualquier resistencia a un proyecto que mezcla la religión con la política, ejerce el fanatismo en todas sus formas y confunde a la justicia con sus propios intereses. 

El hecho de que el pampeano Rafael Follonier, un combatiente del Ejército Guerrillero del Pueblo (ERP), sea el verdadero dibujante de este escenario estratégico, es nada más que una de las tanta corroboraciones de cómo están colocadas las fichas de este peligroso juego. 

Como no lo ignoran nuestros lectores, el entonces joven activista pasó por las filas de la izquierda radical, avanzó con sus vínculos bajo distintos sellos y nominaciones y actualmente recaló en el kirchnerismo con el importante cargo de Coordinador en Asuntos Técnicos de la Unidad Presidencial. 

Por su oficina pasan las negociaciones con Venezuela, el intercambio comercial, las compras de petróleo y combustibles que lidera el ministro De Vido; posiblemente fue Follonier quien autorizó el ingreso a la Casa Rosada de Antonini Wilson, quien trajo la famosa valija repleta de dólares que fue descubierta en Ezeiza y, sin duda, conoce y orientará la papelería relativa a los negocios que se mantienen con Caracas, pese a la quiebra de la economía venezolana. 

Con seguridad imparte órdenes a Timerman, que ya es el receptor de calificativos de toda especie y, en particular, como un doble o triple traidor, pues en su momento adoptó la ciudadanía norteamericana, a la que renunció para aceptar el cargo de Canciller argentino -por algo fue elegido- y, más recientemente protagonizó el insólito episodio en Ezeiza con el avión con ayuda técnica de los Estados Unidos para enfrentar aquí el creciente delito común. 

Timerman “está dibujado”, lo que no justifica lo que hizo y lo que hace, pero al menos debería conocer en detalle lo que sucede entre Israel y Teherán, el papel de Washington y otros países en este complicado tablero en que nos metió Cristina, quien demostró que no le importan las decenas y decenas de asesinados inocentes, la afrenta a una comunidad que reclama justicia y los riesgos que genera su ambición.

¿Qué papel podría desempeñar una Argentina sin barcos, sin aviones, sin tanques y sin capacidades para definir un rol en el incierto futuro…? 

¿Qué sucederá a partir de este momento, cuando distinguidos diplomáticos de carrera se ven obligados a dejar sus cargos, que de inmediato ocupan jóvenes militantes de La Cámpora…? 

Entonces algunos pensarán en el sentido que adquiere la arbitrariedad con que se persigue a los presos políticos; es posible que mediten acerca de las advertencias que se cumplen sin prisa y sin pausa contra civiles; es factible que encuentren respuesta a la maniobra para destruir moral y políticamente a la oposición (a cualquier oposición) y hasta podrían tomar en serio la formación de “cuadros” revolucionarios que se realiza en una isla del Delta, tal como se lo denunció periodísticamente hace unos días. 

Todo esto ocurre en la ex República Argentina, incapacitada para abastecer sus bases antárticas, cuyas reservas de víveres, a partir de ayer, eran de sólo cinco días -un verdadero escándalo moral y administrativo- pero queremos subrayar que el tema es más profundo todavía y busca su permanencia, casi sin esfuerzo: ahora se avanzará con el viejo proyecto de cerrar los liceos militares para evitar la excelencia de sus planes de estudio, la formación que recibe su alumnado y el hecho destacable que prepara hombres y mujeres jóvenes para integrar una defensa, aunque ésta hoy carece de objetivos. 

Más aún, lo que se busca es suprimir el sentido de pertenencia a una sociedad que se sienta segura de sí misma, que enfrente con equilibrio, objetividad y tolerancia las diferencias ideológicas, religiosas y raciales y que sepa construir unida su futuro.

¿Follonier es defensor de estos valores? 

¿Niega el Holocausto? 

¿Propicia nuestro aporte tecnológico a Teherán en materia nuclear? 

¿Cómo interviene en el montaje de un eje que una a la Argentina con Venezuela, Cuba e Irán? 

Nuestros lectores conocen su trayectoria y su contribución a las alternativas por las que pasamos los argentinos, a la guerra en la selva tucumana, a los ataques a unidades militares, a los secuestros, asaltos y a la sangre vertida en una época que se recuerda gracias a los juicios armados con pruebas falsas, a los piquetes, a la inseguridad pública, al intento transformador de nuestra historia y cultura. 

Ahora este personaje es el organizador de todo lo que se relaciona con el chavismo venezolano. 

Como es lógico, Follonier no puede ignorar la confrontación sangrienta que se organiza en Venezuela, donde 4.500 combatientes cubanos se preparan para fortalecer la maniobra que permita llevarlo a Nicolás Maduro a la presidencia, una vez que se oficialice la muerte de Hugo Chávez; el tema que fue tratado por Cristina W. Fernández de Kirchner durante su brevísimo viaje a La Habana este verano. 

Para entonces, el proyecto ya estaba en marcha y había sido conversado en Olivos, en La Habana, en Caracas y en Teherán. 

Se aproximaba el viejo sueño de convertirse en líder de la izquierda latinoamericana y esa ambición le facilitaba a Cristina la creencia de que podría superar una derrota electoral que este año le quitaría el control del Congreso de la Nación y, por ende, le cerraría el camino presidencial para 2015. 

La advertencia de Alberto Marini, general, abogado, historiador, antropólogo y analista político, en su libro “Estrategia sin Tiempo”, aparecido en 1967, ya prevenía sobre el flagelo que se vertería en nuestro territorio y en toda la región. 

Entonces fueron muy pocos -civiles y militares- quienes creyeron en esas revelaciones que poco después se concretaron. 

Hoy están vigentes otra vez y en consecuencia el gran interrogante que se levanta, ansioso de respuesta, es si ahora sucederá lo mismo. 

Negar la realidad es un componente inevitable de la decadencia.

jueves, 28 de febrero de 2013


¿REEMPLAZO O DESTITUCIÓN?

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A consecuencia de la crisis, en Europa fueron reemplazados los Jefes de Gobierno de Grecia, Italia, España, Portugal, Inglaterra, Holanda, Irlanda, Dinamarca, Francia, etc. 

Los cambios se realizaron dentro de las disposiciones de sus Constituciones, sin traumas institucionales y, respondiendo a la voluntad ciudadana, los Parlamentos designaron a los nuevos Jefes de Gobierno.

El sistema parlamentario demostró su aptitud para superar las crisis.

En el sistema presidencial fuerte de Argentina, “el presidente de la Nación, es el jefe supremo de la Nación, y jefe del gobierno” (Art. 99 inc.1).

Para acusarlo ante el Senado por mal desempeño, delitos o crímenes comunes, se requiere la mayoría de 2/3 de diputados presentes (Art. 53) y para destituirlo se requiere el voto de 2/3 de los senadores presentes (Art. 59). 

El mecanismo resultó históricamente inviable y llevó a la sociedad a resolver el reemplazo con la destitución de facto, que es el peor camino, y que hoy es rechazado por unanimidad. 

El sistema presidencial debe cambiarse y proscribirse el intento de re-reelección.

A la actual Presidente podría acusársela de mal desempeño y falta de idoneidad para su empleo (Art. 16), por: desatar la inflación, designar funcionarios corruptos y sin idoneidad, no evitar el deterioro de los servicios públicos y la infraestructura, no resolver el flagelo de la pobreza.

Habría que determinar si constituyen delitos y denunciarlos: 

el enriquecimiento ilícito (sobreseída inesperadamente por un juez y no apelada la sentencia por el fiscal), 

las violaciones constitucionales (no pagar las expropiaciones, 

impedir ejercer toda industria lícita y salir del territorio argentino), 

no combatir la corrupción de los funcionarios y aceptar maniobras y resquicios legales para sostener su impunidad, 

influir en las sentencias del Poder Judicial, 

disponer arbitrariamente y con fines políticos de los recursos del tesoro nacional, 

usar los recursos de la ANSES para fines políticos, afectando los legítimos derechos de los jubilados y pensionados, 

dictar decretos de necesidad y urgencia sin que exista emergencia pública, etc.

El Congreso debe abocarse a estudiar las irregularidades existentes para evitar su proliferación en los tres años próximos del mandato presidencial.


AMIA


Los vínculos entre el atentado a la AMIA y la muerte de Carlitos Menem


HISTORIA CONFIDENCIAL

Los vínculos entre el atentado a la AMIA y la muerte de Carlitos Menem
Hace exactamente 18 años, un agente de inteligencia llamado Mario Aguilar Rizzi comenzaba a redactar una carta dirigida al entonces ministro del Interior del menemismo, Carlos Corach.

Allí, el espía advertía que había en marcha un posible atentado contra Carlos Menem Junior. 

“Está relacionado indirectamente con el tema AMIA (…)

Es un mensaje al Presidente”, advirtió Aguilar entonces.

La misiva fue enviada de manera “certificada” y con aviso de retorno Nº 8804. A pesar de ello, nadie le dio importancia y, un mes más tarde, el 15 de marzo de 1995, el hijo de Menem moría al caer en su helicóptero a la altura del Km 211,5 de la Ruta 9.

Días después, el propio Corach admitiría ante el juez Carlos Villafuerte Ruzo haber recibido la carta de Aguilar antes de que ese hecho ocurriera.



No era el único aviso: el 5 de noviembre de 1996 Cesar Luis Pineda, amigo de Carlitos, reveló en el mismo juzgado que el hijo del Presidente era hostigado a través de su teléfono celular. 

Dice el expediente:
“(…) Que cuando se enteró del accidente, él le avisó solamente a Ramón Hernández. Que su número de Movicom es el 4133366. 

Que dos o tres meses antes del accidente Menem (h) recibía llamados en los que no hablaban”.
Al testimonio de Pineda, se suma el de Yolanda Guzmán, militante histórica del menemismo bonaerense, quien declaró el 3 de septiembre de 1998 en la misma causa judicial y reveló que Menem Junior le había confiado que temía que intentaran matarlo.
En esos mismos días, se hicieron públicos otros varios testimonios de personas que afirmaban que Carlitos les había comentado que tenía miedo y que estaba amenazado por una “mafia”.
Dice la propia Zulema Yoma al respecto:
“Junior estaba bastante incómodo con varias personas. Incluso en varias oportunidades yo di el nombre y pedí que se investigue a un tal coronel Correa, de la SIDE.
Carlitos me había dicho: ‘Mamá, estuve con el coronel Correa en la Casa de Gobierno y le pedí que intervenga los teléfonos, que vea quién me está molestando porque siento que me están controlando y hay algo raro...’ 

Como yo no lo conozco al señor Correa, pregunté al amigo de Carlitos que estaba a su lado, Lucho Pineda, que estaban siempre juntos... le digo:

 ‘Lucho, ¿vos te acordás de eso?’ Y me dice: Sí, exactamente, fue el coronel Correa a la Casa de Gobierno; Carlitos le dio los teléfonos para que intervenga...”.
El mismo Correa, a la hora de declarar en la causa —el 29 de setiembre de 1997—aseguró que “Menem hijo lo citó por un problema que tenía con su teléfono particular y que luego de averiguaciones realizadas (le recomendó que) la mejor solución era cambiar el número, pero Menem no quiso porque le ocasionaría problemas de comunicación por su agenda personal de sus allegados, por lo que le sugirió hacer denuncia judicial, obteniendo como respuesta de Menem (h) que lo pensaría”.
¿Quién y por qué amenazaría al hijo del Presidente de la Nación? 

¿Quién se atrevería a tanto?
Zulema suele advertir que la muerte de su hijo fue planificada en el marco de un “tercer atentado”, como continuidad de lo ocurrido en la Embajada de Israel y la AMIA.
No es la única que lo cree: varios ex funcionarios menemistas entrevistados por quien escribe estas líneas en el marco del libro AMIA, la gran mentira oficial, aseguraron que la muerte de Junior fue un “ajuste de cuentas” por parte de Siria por pactos no cumplidos por Carlos Menem.
Es una historia que se remonta a 1988, cuando este último se entrevistó en secreto con el ex dictador Haffez Al Assad a efectos de conseguir dinero contante y sonante para su campaña presidencial.
El mandatario sirio le dio a Menem varios millones de dólares, pero pidió a cambio un par de favores que este jamás cumplió. 
“Una de las cosas que pidió Al Assad fue que la Argentina le proveyera un reactor nuclear a su país”, admitió a este cronista Oscar Spinosa Melo, uno de los que estuvo en esa comitiva
El dato fue confirmado luego por el ex ministro de Economía Domingo Cavallo.
Menem nunca se hizo cargo de su parte y fue entonces cuando llegó lo impensado: los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA. 
El mensaje hacia su persona fue evidente y el propio ex mandatario dijo una frase que quedaría en la historia:
 “Esto me lo hicieron a mí”.
Luego, llegaría una segunda frase reveladora por parte de Menem: 
“Les pido perdón”. 
¿Fue un mensaje a los ejecutores de los atentados o a la sociedad? 
Nunca se sabrá.
Lo cierto es que pocos meses después de lo sucedido en la AMIA, llegaría la muerte de su propio hijo. 
“Fue un accidente”, se adelantó en decir el entonces mandatario riojano, aún cuando no se habían hecho los peritajes correspondientes para saber qué había ocurrido.
Recién en 1999, a días de dejar la presidencia de la Nación, Menem admitió en el living de la célebre Susana Giménez que a su hijo en realidad lo habían matado.
 “Había balas en el fuselaje del helicóptero”, reveló entonces.
¿Por qué el ex Presidente esperó tanto tiempo para revelar algo tan atroz? 
¿Fue acaso porque temía que también fuera asesinada Zulemita Menem?
A esta altura no quedan dudas acerca de que Carlitos fue asesinado. 
Dos reveladores peritajes lo testifican, amén de los 14 testigos que fueron asesinados en diferentes circunstancias. 
Todos ellos denunciaron poco antes que lo de Junior no había sido un accidente.
Los tres golpes árabes
¿Fue la muerte del hijo de Menem uno de los tres mensajes que suelen dar los árabes a quienes quieren aleccionar? 
¿Fue acaso el tercer golpe luego de los atentados a la Embajada y la AMIA?
Quien lo respondió el jueves 18 de septiembre de 2003, fue el periodista Jorge Lanata en su programa de televisión 
“¿Por qué?”.
“Un secreto debe formar parte de tu sangre, dicen los árabes, convencidos de que el hombre no puede saltar fuera de su sombra. 
La venganza se come fría, y tiene para la mafia árabe una lógica ancestral. 
Deben pegarse tres golpes alrededor de la víctima, cada uno más cerca de ella. 
La embajada de Israel, la AMIA, el asesinato de Junior fueron cada uno de esos tres mensajes. 
La víctima que los comprendió, y sobrevivió para llegar a un acuerdo, fue Carlos Menem”, aseguró Lanata sin medias tintas.
En el mismo programa, el periodista aseguró que existió una red de operaciones e influencias que "desvió la atención sobre Irán y volvió a ocultar la pista siria, la pista de los tres golpes".
Lanata recordó entonces que en noviembre de 1994, después de dos años de ruptura de relaciones diplomáticas, Menem comenzó a recomponer su relación con Siria y viajó a Damasco, donde nombró nuevamente a un embajador argentino.
Pero al poco tiempo volvería a romperse el idilio. 
Fue entonces cuando el tercer golpe, le pegó más cerca. 
“Escribí cien veces sobre la AMIA y siempre escribí lo mismo. 
Siempre dije que esta historia daba asco”, recordó el periodista.
Luego dijo lo que nadie quería escuchar: “Hay espesas cortinas de humo. 
Nunca hubo una Traffic. 
Nunca hubo un conductor suicida. 
Las pruebas fueron plantadas. 
La embajada y la AMIA fueron atentados antisemitas, pero no tuvieron vinculación con el conflicto de Medio Oriente. 
O por lo menos no tuvieron el vínculo oficial, el dedo acusador que Israel, EEUU y Argentina trata de darle a Irán”.
Finalmente, Lanata se preguntó por qué habían ocurrido esos hechos: 
“¿Fue una maniobra de lavado de dinero que no se llegó a concretar? 
¿Fue por las promesas del misil Cóndor y los reactores nucleares, que al final terminaron en Egipto por presión de EEUU?  
¿Fue porque nunca quisieron devolver los favores que los árabes hicieron, poniendo plata para la campaña del 89?”.
 Las preguntas que se hace el periodista no están lejos de la verdad. 
La propia Cristina Kirchner supo impulsar durante los años 90 la políticamente incorrecta “pista siria”, en días en los que le tocó presidir la comisión parlamentaria que investigaba los atentados en Buenos Aires.
La hoy mandataria juraba en esos días que la “pista iraní” era falsa y recién en 2003 comenzó a adherir a esa línea de investigación. 
Fue después de un viaje que hizo a Estados Unidos junto a su marido, recientemente electo Presidente de la Nación.
Luego, llegaría un reservado encuentro con Zulema Yoma y el apoyo a las palabras de esta última: 
“La muerte de Carlitos Menem fue el tercer atentado”. 

miércoles, 27 de febrero de 2013


ASI SE CASTIGA A LOS CORRUPTOS


Y que lloren Los Giles....

 A riesgo de que surjan las voces de siempre a acusarnos de kirchneristas, chavistas, comunistas, musulmanes y demás estupideces que suelen elaborar los luminosos cerebros conserva-liberales, subimos esta noticia con referencia a como se castiga a los delincuentes económicos y a los usureros, en la República Islámica de Irán.

Cuatro acusados han sido condenados a muerte en el caso por el desfalco de 2.600 millones de dólares en el que estaban implicados siete bancos públicos y privados, el mayor asunto de corrupción desvelado en la historia de la República Islámica de Irán.
El fiscal general y portavoz del Poder Judicial iranio, Gholam Husein Mohseni Ejei, explicó que el Tribunal de Teherán que lleva el caso ha emitido sentencia contra 39 acusados, cuatro de ellas de muerte, dos de cadena perpetua y el resto de 25, 20 y 10 años de prisión, sin precisar los nombres de los condenados.

El proceso duró cinco meses y hubo 32 acusados. El fiscal del juicio aseguró que los encarados deberán devolver el dinero mal habido.

En este caso que se investiga desde el 2007 han sido detenidas e indagadas decenas de personas. La empresa Amir Mansur Arya obtuvo en forma fraudulenta grandes créditos de la banca estatal iraní. 

Por ello el poderoso gerente de dicha banca oficial, Mahamud Reza Jaavari, dimitió y escapó a Canadá, de donde es gestionada su extradición por el gobierno islámico.
Fte. 

Central de Información Nacionalista